Mutilación genital femenina ¿cultura, tradición o ignorancia?
El debate sobre la mutilación genital a niñas por motivos culturales plantea cuestiones éticas sobre los límites entre la tradición y los derechos humanos.
La ablación femenina es una práctica que se realiza en 25 países africanos, algunos de Oriente Medio y Asia. Y se conocen casos en Occidente debido a la Globalización.
La Clitoridoctomía es una práctica habitual en culturas africanas, de Medio Oriente y Asia; consiste en la extirpación del clítoris, del labio inferior y de dos terceras partes del labio mayor del aparato genital femenino. Esta mutilación forma parte del ritual de iniciación que da paso a la edad adulta, y por lo tanto la procreación. Este acto lo realizan las mujeres de una misma familia, de madres a hijas y normalmente se lleva a cabo con cuchillos, cuchillas e incluso una piedra afilada. Esto provoca un exceso de sangrado, genera infecciones como el tétano, traumas y malformaciones e incluso la muerte. Pero pese a la brutalidad de esta práctica, muchos hombres la defienden como algo imprescindible para mantener así intacta la virginidad de las niñas, además de evitar la masturbación y el goce sexual.
Lo más sorprendente es que incluso las mujeres defienden esta práctica porque la ven como una tradición que si no se realiza puede acarrear una vida solitaria fuera del grupo. Al ser un acto social la cuestión de los derechos humanos pasa a segundo término, cuando está claro que es una práctica aberrante y totalmente desproporcionada. Las personas que defienden esta práctica usan un discurso demagógico y equívoco cuando comparan la llamada eufemísticamente "circuncisión femenina", con la masculina. Cuando ambas prácticas no tienen absolutamente nada en común. Operar de fimosis a un niño no supone extirparle el glande (zona genital más sensible) y una parte del pene (equivalente a los labios menores y mayores femeninos). Sino que es extraer un trozo de piel que puede obstruir e impedir una erección correcta, por lo tanto, la operación de fimosis ayuda a una mejor actividad sexual, problemas de aseo e incluso infecciones.
En cambio, la mutilación genital femenina no tiene nada de positivo, exceto las supestas cargas sociales y políticas para quienes las practican. Para el cuerpo de la mujer esta extirpación supone desprotejer el órgano sexual femenino de sus barreras naturales para impedir infecciones, y además de evitar el goce sexual, genera un dolor crónico de por vida. Coser lo que queda de labios mayores y dejar una pequeña abertura para la menstruación no es una cuestión cultural, es una imposición sin sentido y del todo antinatural.
SOLUCIONES // La única forma de solucionar una práctica tan arraigada a la cultura popular y al imaginario colectivo es la educación. Impedir la práctica no haria sino que aumentar los casos. La única vía para cambiar las cosas es la vía interna, deben ser las propias mujeres africanas, musulmanas, egípcias...etc las que se den cuenta que deben negarse a mutilar a sus hijas.
Para ello es necesario que la mujer obtenga mayor poder en la comunidad. Estas sociedades se caracterizan por un índice de analfabetismo muy elevado y el hombre como fuente absoluta de la verdad. Al final todo se reduce al control del hombre sobre la mujer. La obesión de la virginidad y el deseo de tener en exclusiva el poder, incluído el placer sexual; cualquiera diría que estamos en el siglo XXI.